Con su andar tranquilo se diferenciaban de la multitud de porteños que recorrían las calles a mil por hora. Las numerosas familias que llegaron a Buenos Aires desde el interior para presenciar el partido de la Selección iban en otra marcha, como pisando el freno mientras se asombraban con cada paso dado en la ciudad de la furia. "Es un esfuerzo inmenso el que hicimos. Somos fanáticos de la Selección y no podíamos estar ausentes en un partido tan importante como este", explicó Carlos Araujo, entrerriano de nacimiento, que llegó junto con los suyos a la cancha de River. "Ahora estamos viendo vidrieras, en un rato, nuestros ojos se llenarán de fútbol", anticipó Araujo, acompañado por su mujer, Soledad, y por sus hijos Juan Carlos (8 años), Sebastián (7) y Carlos (5).
Juana Usapilleta, rosarina de alma, quedó eclipsada con los bailarines de tango de la calle Florida. "Siempre que puedo vengo a ver a la Selección. Este será un partido clave. Me gustaría que siga Batista porque es buen técnico", explicó, mientras portaba enormes bolsas de una importante tienda de ropas.
Viva el fútbol
Cuando las puertas del Monumental se abrieron otras escenas de pasión nacieron. Por un lado, los simpatizantes del interior empezaron a colgar sus trapos para demostrar su amor incondicional por la albiceleste. Gualeguay, Salta, Villa del Rosario y Santa Fe dijeron presente.
Otra historia fue la de los extranjeros. Llegaron al estadio bien juntitos. Los españoles para alentar a su selección, los brasileños, ecuatorianos, italianos y australianos, para disfrutar de un duelo de alto nivel. Todos ellos pagaron entre 100 y 200 euros por un paquete que, además de entrada, incluía traslado. "Estoy de vacaciones en Argentina y como coincidieron las fechas no dudé en venir a ver este apasionante encuentro. Por el calor, pasión y fiesta que generan los argentinos ya se había justificado lo que gasté. El resultado no me importaba", se sinceró Xavier Guerra, un valenciano que, por unas horas, olvidó que era de España
Juana Usapilleta, rosarina de alma, quedó eclipsada con los bailarines de tango de la calle Florida. "Siempre que puedo vengo a ver a la Selección. Este será un partido clave. Me gustaría que siga Batista porque es buen técnico", explicó, mientras portaba enormes bolsas de una importante tienda de ropas.
Viva el fútbol
Cuando las puertas del Monumental se abrieron otras escenas de pasión nacieron. Por un lado, los simpatizantes del interior empezaron a colgar sus trapos para demostrar su amor incondicional por la albiceleste. Gualeguay, Salta, Villa del Rosario y Santa Fe dijeron presente.
Otra historia fue la de los extranjeros. Llegaron al estadio bien juntitos. Los españoles para alentar a su selección, los brasileños, ecuatorianos, italianos y australianos, para disfrutar de un duelo de alto nivel. Todos ellos pagaron entre 100 y 200 euros por un paquete que, además de entrada, incluía traslado. "Estoy de vacaciones en Argentina y como coincidieron las fechas no dudé en venir a ver este apasionante encuentro. Por el calor, pasión y fiesta que generan los argentinos ya se había justificado lo que gasté. El resultado no me importaba", se sinceró Xavier Guerra, un valenciano que, por unas horas, olvidó que era de España